lunes, 18 de agosto de 2014

Crónica de un Ala

No es fácil ser flaco y joven en mundo donde la fuerza y experiencia son esenciales, no es fácil cargar con el remordimiento de ver como no puedes apoyar al equipo de tu alma por estar débil y torpe al tomar decisiones, para nada fácil es ver cómo el adversario se siente superior al tener encima más músculos y en su cabeza el anhelo de destruirte sin siquiera tomarse la molestia de preguntar por un bienestar, es difícil ver como todos intentan pasar sobre el más débil.

Lo que no saben es que mi espíritu está intacto, mi alma sigue viva, y mi mentalidad es sólo aprender de mis errores y girar mi vista hacia la victoria. Lo que no saben es que mi mente arrasa con el más fuerte, pisotea todo orgullo y demuestra que la furia de mi mirada penetra como espada hasta lo profundo de su ser, tocando el orgullo y la valentía haciendo apología a "David y Goliat"; así me hago fuerte, así mi cuerpo se endurece como roca y desbarata al gigante.

Así el pequeño ala ahora se magnifica y hace saber que está allí, que su presencia no es en vano, que no sólo es cuestión de correr cual cobarde, sino que hay peso en sus acciones; es entonces cuando el adversario siente nervios al ver que sus grandes músculos no sirven en contra de aquel pequeño gigante, que su mente es tan débil o mucho más que el cuerpo del ala y se hace insignificante cada vez que tiene que pasar por el costado de aquel. Esto va allanando el camino y va llenado su mente de experiencia.

Finalmente, puedo aspirar a ser como el gran pilar; ese gordo y experimentado ser me ha enseñado la constancia, la humildad, la valentía y la gallardía, como también las mañas y el profundo respeto por la camiseta, el profundo respeto por los golpes que moldean mi vida y el profundo respeto por los viejos. Aunque sean pocas sus palabras, el pilar me enseña con cada tackle, con cada scrum, con cada palabra de aliento dentro de la cancha. Es impresionante ver con qué experticia impacta sus grandes nudillos en el rostro rival, sin embargo, esos mismo nudillos se ven destruidos ante la humildad que lo acompaña, al finalizar el encuentro, cuando se estrechan las manos con el rival.

Es un relato más de aquel joven ala que desea profundamente estar dentro de un pack, apoyar al equipo con más que la fuerza mental, con más que su fuerza física, con la fuerza de la experiencia, con la sumatoria de cada humillación, de cada mal pase, de cada try en contra, es aquella experiencia que me permitirá ser el más grande sin serlo, porque he aprendido que soy el peor jugador de Rugby y que nunca se me va a olvidar eso, que siempre tendré que mejorar y nunca será suficiente el esfuerzo por mejorar sino que debo siempre estar luchando contra mi mismo para estar al nivel de los viejos.

Oda al viejo
Oda al delantero
Oda a la fortaleza
Oda a la experiencia