He visto desde el primer momento en que te conocí, que tu vida no ha sido fácil, que el abrir tu corazón te es en extremo difícil, sin embargo lo has hecho. Aceptaste mis encantos. Aceptaste terriblemente y con gran horror mis dardos de fuego que impactaban en tu corazón.
Esta es la historia de lo que se puede nombrar como un amor falaz, si es que se le puede llamar amor. Viniste a mi vida, sin embargo, te esperaba, pero no a ti, sino a alguien como tú, a alguien que intentara satisfacer los vacíos propuestos por mí, en mi vida. Quería encontrar alguien con quién compartir.
Llegaste, entraste a mi vida, aunque un tanto extraña, virtualmente estabas presente, pero presente no estabas, porque no es lo mismo.
Pensé que habías llegado a mi vida a cambiar lo que sentía y pensaba sobre mí, pero no era así, llegaste a ser una de tantas "un amor de esos que se encuentran en la calle". Ahora más que seguro, encuentro en mí, la necesidad de volver a ser como era. A buscar en las personas sólo satisfacción propia.
Había jurado contigo salir hasta el final, y que cuando fuésemos polvo igual te amaría, pero no quisiste aceptarlo y encontraste un mejor reposo en las piernas de otra persona, reposo en los labios que al parecer eran más tiernos que los míos. Derrochaste toda mi bondad en los planes mágicos y magistrales que tuviste cada vez que quería estar contigo.
Por todo esto y cosas que están en mi corazón, tú te has ido y ahora en mi vida te has vuelto la innombrable o la que no se puede normal, que no es lo mismo.