miércoles, 11 de junio de 2014

Algo sobre Ojitos...

Cuando la conocí, no la veía con mi corazón sino con los ojos. Al principio era ella una más, no era la más hermosa. Simplemente era de las personas con la que nunca estaría; lo que hace juzgar un libro por su portada. Un día me habló, o nos hablamos, encontramos algo en nuestras miradas. Allí en el frío asfalto, me sonrió, pero su mirada logró opacar el rayo intenso de medio día, su presencia logró calentar el sucio suelo y enfriar el verano. Se sentó a mi lado, me dijo su nombre, yo el mío, rutinal en el ritual del conocimiento, seguimos adelante con la conversación; teníamos gustos en común, como disgustos en común, teníamos también diferencias como de rutina, estamos inmersos en el ritual del conocimiento.

En ese momento ya podía decir que la conocía, el cruzar palabras me daba esa legitimidad. Aunque no podía presumir porque no me interesaba en ese momento. Sin darme cuenta, me comenzaba a gustar estar junto a ella, pensé que era una bonita amistad, algo que podía ser hasta ahí y nada más. Sin embargo, me gustaba su sonrisa, me gustaba su actitud, no podía definir en el momento cuan feliz me sentía al estar cerca a ella, su voz era paz, era sosiego, pero pensé que eso producían los amigos, lo ignoré. Ahora siento que fui un infante, tan inocente, pasó enfrente de mis ojos y a través de mi corazón y no lo vi.

Más adelante comenzamos a conocernos en verdad, hablábamos de todo y a la vez de nada, era normal en los dos, porque éramos amigos, la unidad que teníamos era grande aunque nunca pude ver lo que realmente hacía ella en mí. De un tiempo para acá la vi muy bella, más que de costumbre, tal vez fue por no saber de ella en mucho tiempo, aclaró lo que sentía, y no sólo eso; lo profundizó. 

Seguía terco, pensando que me gustaba estar con ella, como si ella fuera una de esas personas que se siente agradable estar, engañándome a mí mismo, pensando en que me gustaba estar con ella a causa de su ánimo, de su sencillez, de su carisma, no veía como iba surgiendo desde las entrañas y alimentándose con cada palpitación un sentimiento más allá del calor fraternal de la amistad.

Qué extraño decir que realmente me gusta, que realmente siento amor por ella, no entiendo por qué sucedió esto, no lo vi venir en ese tiempo, ahora veo que era inevitable, aunque quisiera, tenía que pasar, tenía que desencadenar en esto. Tampoco nadie lo vio venir, nadie me dijo que me hundiría en sus fauces, en sus bellas fauces. Llegó en un momento inesperado, conocerla fue rutinal, una mujer como cualquier otra, bien vestida, perfumada con esencias glamurosas, coqueta, sexy, alegre, sonriente, amigable, apacible. Ahora es en quien pienso, en quien se basa mi alma, mi vida, mi pena, mi alegría, mi suspiro, mi aliento.

Aunque en repetidas ocasiones es distante, siempre logramos conectarnos, no sé si de amistad, no sé si de algo más, pero yo sé que está en nosotros decidirlo. Mi cobardía me ha impedido decirlo directamente, su indecisión confirmarlo, ahora podemos descansar la culpa en el otro para no comprometernos.

"Ahora te miro, te abrazo y me siento vivo."
(11 DE JUNIO DE 2014)

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