SALMÓN
"Vida, dame tu vida, siento que todo lo malo siempre me pasa a
mí,
voy a permitir que todo lo bueno vuelva en mí, yo ya no quiero pensar en ayer.
Solo, estoy
tan solo, aunque la musa se ríe de
la soledad
voy a
despertar voy a abrir mis ojos y ver el final,
yo ya no
quiero pensar en ayer."
Introducción
Heme aquí de nuevo, ahora encontrándome
con un nuevo yo, redefiniéndome, una persona diferente. Dejando el mundo atrás.
Entendiendo y comprendiendo que todo lo que pasa en esta vida es por algo, ese
algo que es la multiplicidad de un mundo contingente que desemboca en lo que ha
de pasar, un tropel de corrientes que se entrelazan y da a la existencia una
verdad, una vivencia, una realidad.
He logrado entender que la vida se
encarga de enseñarle cosas que sólo con el dolor se logra interiorizar. Hoy
miro mi felicidad, mis desdichas, mis historias, todo lo vivido y aprendo de
todo. Siento un afán infinito de sentarme a mirar la vida pasar, sin untarme de
las desdichas, sin untarme de los abismos atroces y voraces de infinito
malestar. - bah - Qué estupidez, lo bueno de la vida se manifiesta, en tanto
hay algo malo. Y lo tuve que aprender a la fuerza.
Hoy, como todos los días, escribo una
historia, una que se deja permear de realidad, de mi realidad. Sin embargo,
ésta es la escritura y reescritura permanente de los sentidos, de las
percepciones, del trasegar y muchas veces naufragar en convivencia mutua con
mis errores, con mis horrores, con mis fantasmas de malas decisiones.
Todo ha adquirido un color salmón, un
trasegar infinito de idas y vueltas, pero siempre retornando al orificio
originador de vida, en donde concebimos que la luz era parte fundamental de la
existencia. Y de nuevo, heme aquí, frente a la dicha del amor, frente a la
dicha del deshielo, frente a la posibilidad de ser lastimado nuevamente.
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