"No temo a la muerte, no temo a la vida
No temo a la ruina, no temo al dolor
No temo a la ruina, no temo al dolor
Para eso siempre llevo aspirina"
Eskorbuto
Allí, en el lugar donde habitaba desde
hacía ya dos meses, era el único sitio que encontró donde pudiese reposar por
unos días, mientras tomaba rumbo hacia el mar, ya que él no conocía otro rumbo
que el naufragio, su vida le sabía a mierda y constantemente se reprochaba el
momento en el cual su vida dejó de ser, de tener sentido, a causa de una
traición de 86 días que duró su estadía en Argentina, donde conoció a Juana
María quién terminaría corrompiendo su apacible corazón.
Tanto era el rencor contra sí, que
siempre despertaba abruptamente, a causa de las pesadillas con Matilda (así
llamaba a Juana María) hasta en ese punto lograba incomodarlo. Siempre que
despertaba era un sudor frío, una sensación permanente, aquella, era la sensación
de vivir, la que era cada vez más rara, más ajena y cada vez más amarga; tragó
saliva y se limpió las lagañas, -babas de mierda-, mencionó exasperado por no
tener autocontrol, al darse cuenta que todo el rostro estaba costrificado como
una capa de saliva. -Todos los días es lo mismo, y no puedo perderme en el mar,
sin contacto con la gente, a la que odio tanto, tal vez por eso me quedó aquí
en este roto-... sonó su celular mientras se reprochaba a sí mismo.<<
- ¿Alo?
- Buenos días Joseph, perdón por la hora
de la llamada, fue una decisión de última hora, le hablamos de la Universidad
Nacional, hemos analizado su caso, nos sentimos honrados de que haga parte de
nuestra Alma Mater.
- No entiendo de qué me habla, ¿quién
es usted?
- ¡Oh sí!, lo siento de nuevo, mi
nombre es Laura, me siento muy emocionada de extender este tipo de noticias,
soy la encargada de la facultad de artes, donde usted fue admitido. Bienvenido,
lo único es que tiene que venir a firmar un compromiso de estudio... y bueno
papeleos que ahora son lo de menos.
- Disculpe, sigo sin entender, yo no
tengo nada que ver con alguna universidad.
- Mmmmm, ¿es usted Joseph Raul Reyes
Jiménez?
- Sí, en efecto, pero no entiendo por
qué me están llamando de una Universidad.
- Bien, esto es un tanto extraño, sin
embargo, un momento reviso en mi base de dat.... sí, claro... mmmmm... De
acuerdo, su inscripción al programa del gobierno, que otorga becas a personas
que han vivido la guerra, se dio el día 28 hace tres meses ya, fue una señora
quien la realizó, Juana Torres.
- Entiendo, ¿qué tengo que hacer?
- Debe venir a la facultad de Artes a
firmar su matrícula y un compromiso, lo antes posible, si puede ahora mismo, yo
aquí le explicaré la dinámica de la beca y las obligaciones.
- En una hora estoy allá, gracias.
Hasta luego.
- No, llega a las nueve de la mañana.
- Entonces a las nueve será.
Quieto en el borde del catre, sin
recuperar el aliento por esa extraña llamada, sintió la amargura invadir su
cuerpo de nuevo. Ya habían pasado 2 meses de la partida de Rosario, donde
conoció a Juana, y su recuerdo se empeñaba en recordarle lo miserable que fue
su vida allá en Argentina. "Cómo te odio Juana, te odio hasta la muerte,
te odio por amarte, te odio por no tenerte, te odio por no dejar que te
mostrase un mundo maravilloso ante tus ojos, pero por el motivo por el que más
te odio, es porque me hiciste conocer un Joseph de miseria, un ser oscuro,
sacaste lo peor de mí..." Mientras pensaba esto el ruido de la calle lo
sacó de su ensimismamiento, lo devolvió a esas paredes oscuras y oscurecidas
por el hollín de la ciudad y la negrura de la miseria. Eran 4 balazos que
tocaban a su puerta, lo estremecieron, impactaron en su ventana, anunciando la
hora de salir.
Al llegar a la UN en Bogotá, se
encontró con una realidad del otro lado, era un mundo lleno de luz, un mundo en
donde la multiplicidad de los sujetos, la muchedumbre de rostros, ánimos,
pensamientos, actitudes, facciones… era extremadamente incierto para él. Joseph
no sabía cómo llegar a la facultad, sin embargo, sintió un aire conocido para
él en un momento repentino, era el sonido de la guerra; eran tiempos difíciles,
en dónde la disputa por el campus universitario, entre el aparato estatal y los
estudiantes era el pan de cada día. Joseph no sabía por quién tomar partido, no
sabía por qué motivo se desarrollaba una guerra a plena luz del día en toda la
mitad de la calle. Sin embargo, no se distrajo, siguió su camino con la
convicción que sentía que el mundo le había dado una luz por la cual buscar un
final feliz, y no uno inesperado como lo había querido desde hacía ya unos
meses.
- Buenos días, ¿Laura?
- Sí, Hola, ¿eres Joseph?... Siéntate,
en un momento te atiendo...
- Ok, listo... ¿qué pasa allá afuera?
-Preguntó mientras se sentaba en la silla del escritorio frente a ella-
- ¿Afuera? ...ahhmmm...
-suena una voz extraña dentro de la
oficina, que los interrumpe- Quiere decir el tropel.
- Aaaahhh, El tropel es algo muy
representativo aquí en la UN, por esta época lo vivimos casi a diario, y estaba
por llamarte de hecho, porque comúnmente hay orden de desalojo y se cancelan
todas las labores administrativas, pero bueno, a lo que vinimos.
- No, espera, me interesa, cuéntame más
sobre eso Laura, por favor.
- Vale, nunca había notado tanto
interés por lo que sucede allá afuera por parte de una persona ajena. Es
simple, los estudiantes se encapuchan, aunque algunos de los que están allá, me
imagino yo, serán exalumnos y gente que viene de las guerrillas a quienes
reivindican...
-La interrumpió con extrañeza- Un
momento Laura, ¿me dices que esas personas son infiltradas por la guerrilla?
- No precisamente, pero sí muy
permeadas de sus ideales... pero bueno, lo que te quería decir es que éstos
luchan por la educación de calidad y gratuita. Aunque no comparto esos medios
violentos, yo pienso que permiten que la llama del pensamiento crítico
permanezca viva, yo pienso que sin ellos no existirá un modo en que los
estudiantes se muevan políticamente, ya sea a favor o en contra, -suspiró- en
fin, eso es lo lindo de la democracia en que vivimos, sarcásticamente dijo.
La cara de extrañeza por estos
episodios y por toda la nueva información que había acabado de recibir no podía
evitarla, tanto así que quedó pasmado, entumecido, petrificado y la expresión
del rostro era tan fuerte y tan marcada que preocupó a las personas de la
oficina. Joseph sentía pánico de lo que sucedía, venía a su cabeza el dolor de
la guerra, la sangre, las balas, y pensaba que era sólo un juego de guerra lo
que pasaba...
- ¿Estás bien Joseph? -Laura
interrumpió sus pensamientos-.
- Sí, es solamente que nunca hubiese
pensado que esto ocurriese en la ciudad, a pesar de la delincuencia y demás situaciones
que he visto en Bogotá, me causa mucha intriga.
- Está bien Joseph, ¿trajiste los
papeles que te pedí? Firma estos documentos... regálame una huella aquí y
aquí... esta copia es para ti y esta queda acá... y Listo, esto era todo,
bienvenido oficialmente a la carrera de Artes plásticas.
- Gracias.
Joseph se levantó de la silla, guardó sus papeles en el bolsillo
interior izquierdo de la cazadora que llevaba puesta ese día, cerró su chaqueta
y se dirigió a la salida sin mediar palabra, sin preguntas, sin un cálido
acercamiento, sólo quería huir de la formalidad, su mente hace mucho había escapado
de ese lugar.
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